Anna Von Hausswolff en Querétaro

Anna Von Hausswolf en Querétaro

Era la recta final de un año delirante y azuzado por la terrible sombra de la muerte, el mes que se supone más frío daba pocas señales de querer adjuntarse los infortunios de un clima gélido. Las calles se mostraban más bien con el impetú de un verano caluroso, pero la decoración chirriante y luminosa que trae consigo la navidad contrarrestaban efectivamente el sentir ocasionado por las inusuales condiciones climáticas que supone el calor decembrino en Querétaro. Es curioso como las luces navideñas te recuerdan al frío y no al calor, como usualmente sucede. Sin duda fue un año de cambios y despedidas, en todos los ámbitos y muy notoriamente en el musical, no haré recuento de ello, pero si tuviera que mencionar a alguien sería a Gilli Smyth, cantante y co-fundadora de la legendaria banda Gong, a quien noté ausente de listas que pretendían recabar los nombres de todos los famosos que abandonaron el barco recientemente. También mencionaría a un gran maestro y notable poeta, Luis Alberto Arellano, cuyo fallecimiento sigo sin poder creer; gracias a él pude disipar la espesa niebla que había entre mí mentecilla y la literatura de nuestro país en tiempos posteriores a la independencia. Por último quisiera mencionar el repentino arrebatamiento de mi vehículo de transporte; una bici venida a menos y sin marca que me acompañó por casi tres años, llegué montado en ella al lugar del concierto del que hablaré a continuación, cuando salí del show la bici ya había desaparecido…

Anna Von Hausswolf en Querétaro

El 5 de diciembre había llegado y el concierto de Anna von Hausswolff se efectuaría en cuestión de horas. El vestíbulo del Rosalío presentaba una afluencia mínima, los asistentes se encontraban dispersos minutos antes de poder ingresar. Al mismo tiempo y a unos metros una auténtica ceremonia navideña tenía atestado el jardín Guerrero, esto debido a la inauguración oficial del extremadamente luminoso y necesario árbol de navidad, la cual correría a cargo de nuestro queridísimo Marcos Aguilar, infame personaje al que no dedicaré más de una línea por pelón y rata, fin. Arribé al cineteatro horas antes del show, acompañado por dos graciosos personajes que también suelen aparecer en music blitz de manera esporádica como yo, llamemosles Leslie y Terry. Subimos las escaleras del vestíbulo y nos encontramos con un taquillero tan carismático como incompetente, al preguntarle si era posible ingresar a realizar una entrevista (Como habíamos acordado un día antes) dijo que no sabía otra cosa más que vender y cortar boletos, esto por ordenes directas de Gabriel Hörner, director del museo de la ciudad. El taquillero nos sugirió hablar con otro tipo que se encontraba a unos metros, cuidando la entrada, pero nos advirtió que sólo podría ser en inglés. El tipo se veía gélido como la lejana tierra de la que venía, su expresión de extrema seriedad me esperanzó cada vez menos; Terry  saltó a la acción y entabló charla con él, tratando de explicar la situación, sólo pude esperar. Finalmente, tras unos segundos Terry se acercó y dijo que el sujeto era bastante pesado y que había sido categórico al decir que no habría entrevistas por parte de nadie, excusándose en un supuesto retraso con el soundcheck. Ni modo, la lista de preguntas chaquetas que había ideado horas antes con un pésimo inglés que me caracteriza, no sería posible. Me enojé, sí, pero no tuve mejor idea que ir derrotado a tomar una cerveza al oloroso Petras. Minutos antes de que dieran acceso. Apuré el trago y regresé al acompañado de Leslie, ahí nos encontraríamos con Aurora, quien se encargó de la documentación pictórica del recital. La afluencia era reducida, pero una fila de varios metros se pudo formar pese a eso.  Entregamos nuestras cortesías y nos adentramos a la obscuridad del foro. Para sorpresa de todos habría un acto abridor antes del esperado show, se trataba de dos mujeres, una al violín y otra al piano. Comenzaron a tocar y debo decir que se ganaron mi atención desde el inicio, se trataba de piezas suaves que, ademàs de combinar los instrumentos ya mencionados, también se enriquecían con la voz de la cantante, quien de pronto me recordaba a Joana Newsom por el inesperado, pero deleitante virtuosismo infantil que había en su canto. El dueto jamás dio su nombre y que yo recuerde no fue presentado antes del acto. Tocaron al menos cuatro o cinco caniones y se despidieron entre leves aplausos y ovaciones. Era el momento de Von Hausswolff para mostrarnos lo que tiene.

Anna Von Hausswolf en Querétaro

El escenario no duró mucho tiempo en soledad. Los instrumentos, minuciosamente colocados, parecían reflejar en su brillo un ansia incontenible de ser tocados. Los músicos aparecieron de entre las sombras y Anna se colocaba en la parte central del escenario, justo frente a su teclado. El show comenzó con intensidad y se sostuvo de ese modo casi siempre, la influencia Heavy en su música era evidente por una batería de matices intensos y rápidos, además de que la voz de Anna mostraba ciertos resquicios de dicho estilo, su headbanging a la hora de tocar ciertas piezas puede ser envidia de cualquier metalhead que se jacte de serlo. La banda en sí formaba un curioso conjunto, los cantos de Anna mezclados con las ambientaciones de su instrumento recordaban irremediablemente a la música de iglesia, pero con cierto toque pagano y obscuro que no podía negarse tampoco. A poco más de la mitad del concierto la banda interpretó uno de sus más recientes sencillos “Evocation” del álbum “The miraculous”. Comenzó como en la grabación de estudio, un silencio contenido y después una atmósfera que se va elevando, a la par de su potente voz. Cada músico tuvo oportunidad de hacer un despliegue propio, particularmente quedé sorprendido y satisfecho con el bajista y el guitarrista, este último con una influencia Heavy muy notoria. El concierto debió durar al rededor de una hora y media. Ana aprovechó la ocasión para expresar su agradecimiento con el público mexicano, agregando también lo sorprendida que se encontraba de estar tocando aquí, describiéndolo ella misma como una experiencia surrealista. Al final el público pedía más, los músicos se retiraron, pero Von Hausswolff regresó; esta vez acompañada sólo de una guitarra acústica. La canción que interpretaría a continuación sería más bien una declaración amorosa, dedicada para una persona que, según ella, se encontraba entre el público. Fue emotivo, emotivo y sorpresivo. lentitud Al momento de salir pudimos observar a Anna y algunos de los músicos firmando posters y discos. Pasamos de largo y descendimos las escaleras. Seguía pensando en cómo hubiera sido haber podido realizar la entrevista. El show había sido agradable, único; sobre todo para esta ciudad tan ávida de costumbre. Es curioso como pasa desapercibido lo inusual mientra contemplamos obsesivamente lo mismo de siempre. Salí del edificio y me encontré con la sorpresa de que mi bicicleta no  estaba ahí. En su lugar había un nutrido grupo de hippies, hacían hula y fumaban no muy discretamente de una pipa. Pregunté por mi bicicleta y el más grande de ellos me dijo algo así como que llevaban más de cuarenta minutos en ese sitio y no habían visto ninguna bici. Entristecí, pero esa sensación se mezclaba con las emociones producidas por el concierto. Sería un camino largo a casa usando sólo mis pies. Qué más da. La noche ya había sido extraordinaria de por sí. Apuré el paso y olvidé por momentos que había llegado en bicicleta. Pensaba y me preguntaba si alguna vez Anna Von Hausswolff y su banda regresarían a otra surreal visita. Todo puede pasar en este país enloquecido.

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