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Los llévame

El primer saludo de un artista es hacia la muerte. Los Llévame en su disco Calacas entienden esta premisa. Basan su discurso musical en el reclamo de una herencia sonora. Dicen que hacen “rock folk artesanal”. No les creo. Tampoco son una banda de rock queretano. Creo que más bien son una banda que hace rock latinoamericano y que, por encima de cualquier categoría, saben hacer buenas canciones.

Son de los pocos proyectos que le marcan el ritmo a la escena musical en Querétaro. Ya sabemos que usar máscaras no es nada nuevo, ni tampoco el uso de ritmos regionales: norteño, cumbia, bossanova, canto cardenche. Lo que funciona en ellos es el oficio de saber hacer composiciones sólidas; una carencia que es una constante en grupos de cualquier lugar del mundo. Hacer una buena canción implica escribir una letra que conecte, una melodía que persista en la memoria y una estructura que lleve a lograr un clímax. Componer una buena canción lleva a que la gente no se aburra cuando va a un concierto y este dispuesta a pagar su entrada. Hacer una buena canción es saber dónde cortarla. Ni un compás de más o de menos. La duración de las rolas en Calacas está en el rango de los tres minutos. Pocos músicos dominan esta estructura.

Cuando voy a un concierto de Los Llévame varios segundos se quedan en mi memoria porque los coros van de la mano con la construcción literaria de los versos. Sus canciones tienen variabilidad melódica. Además, se nota que hay un tiempo dedicado a leer poesía para poder lograr que una letra vaya de la mano con lo que se canta. Los Llévame no son un grupo plano, su música es de una riqueza orográfica como la de este país.
La ejecución de la banda ha mejorado con el tiempo. Llevan tocando cuatro años juntos. Desde que un músico se sube al escenario se huele la actitud y de ahí se puede deducir si deba tomarse con seriedad. También ahí se percibe el grado de profesionalización. Los principiantes se afinan en el escenario y prueban sus instrumentos como si fueran objetos desconocidos –especialmente bateristas y guitarristas– creando un ruido insoportable. Los profesionales hacen su prueba de sonido en veinte minutos y suenan bien desde el primer compás porque están ensayados y con los ojos cerrados consiguen la puesta a punto de sus instrumentos y efectos. Algo que no entienden muchas bandas es que una prueba de sonido no es un ensayo, ni es necesario demostrar nada a nadie en ese momento. Se demuestran la capacidad o los límites musicales a la hora de la presentación.

La mayoría del público queretano tiene mal asimilado que todas las bandas locales son de garaje, a las cuales no vale la pena escuchar, ni pagar por su presentación. Eso es culpa de agrupaciones que no invierten el tiempo suficiente para una presentación, no invierten en instrumentos de calidad y no se toman ni ellos mismos en serio. Los Llévame desde hace tiempo dejaron de pertenecer a esa “región 4” de la escena local. La prueba es su desempeño escénico y el concepto de Calacas como un objeto artístico: no solamente funciona al ponerlo en el reproductor sino también como ilustración y libro.

Aldo Suárez, el bajista, hizo todo el diseño gráfico. El álbum viene acompañado por seis textos de escritores que enriquecen el universo mexicano del álbum. Este incluye además un separador con una cita de la letra de Ranchero Chido “Yo soy un hombre al que le gusta trabajar y que también lee bastante”.
Una buena banda se forma cuando tocas con las personas adecuadas y se generan complicidades creativas. En Los Llévame, la mancuerna de Aldo Suárez y Kinxoc Madrigal Orduña ha encontrado la forma de hacer canciones destinadas no solo al consumo de una generación millenial a la que tanto critican y de la que son parte, sino que también enganchan a generaciones anteriores.

En la tradición musical de Café Tacvba, San Pascualito Rey y Porter, Los Llévame no tienen nada que pedirle a estas bandas en lo creativo. Lo que si tienen que pedirles, son los contactos para acceder a un mejor presupuesto y contar con una mejor producción en sus futuros discos. El álbum no tiene un sonido pulido comparado con una producción comercial o las que han logrado bandas locales de su generación, pero las composiciones son tan destacadas que uno puede pasar por alto esos defectos.
El disco contiene ocho pistas:

1.- Torcacita: la belleza instrumental de una tarde de rancho con elotes asados y café de olla. La imaginación en la ejecución de cada instrumento son otra de las cosas que diferencian a Los Llévame de las bandas de su generación. No hablo de virtuosismo sino que los integrantes aprovechan al máximo sus límites técnicos.

2.- 2 de Noviembre: la letra de la canción es un monólogo ante el altar de muertos. El sintetizador es una voz que le otorga frescura a la composición. Los versos con rima asonante:

“con tu sangre que no se va
con tu sangre que se queda”

hacen que se extrañe su repetición para que se consoliden como el coro de la canción.

3.-Monarca: es la canción “llegadora” del álbum. Revelan a los integrantes como músicos eficaces en la manipulación de sentimientos, cuando le ponen música a la letra de Quetzal Madrigal:

“Me cuesta trabajo cantarle al amor
si lo conociera mejor
me dueles mi vida me dueles mi amor
me has dejado hoy con tanto dolor”

4.- Cobarde: la progresión armónica inicial, en la guitarra electroacústica, remite a la canción Tu locura de Gustavo Cerati, pero inmediatamente se pasa a otra cosa. La voz de Kinxoc no es virtuosa pero sí es genuina. Está a punto de temblar cuando pretende alcanzar la nota, a un pasito de la desafinación. Pocos cantantes cuentan con un amplio registro y son expresivos. Kinxoc pertenece a esta categoría. Los Llévame no son una banda que copia a otras. Se puede tener una influencia porque existe una tradición. Ellos no son clones de nadie, tienen la influencia de otros titanes.

5.- Papá: la voz de Ricardo Téllez Mosqueda “Mudo”, vocalista de la banda queretana de música electrónica Metzkal Birage, es una colaboración que suma a la intención de la canción: una sátira hacia los millenial y hacia los padres de esa misma generación. Los coros de Astrid Soto pintan de nostalgia que todo tiempo pasado quizá fue mejor.

 

6.- Seco: aquí ocurre el clímax del disco y es donde la premisa se cumple: la desesperación de una juventud con poco futuro en un país que rinde culto a la muerte y donde se respira muerte. La influencia de San Pascualito Rey es muy marcada pero saben resolverla.

7.- Canto Cardenche: si en Seco está el clímax, en Canto Cardenche se alcanzan destellos de genialidad. Las tres voces de Kinxoc son un despliegue técnico y creativo. El disco va acumulando poder no sólo por las acertadas colaboraciones de los músicos invitados sino por las referencias a todo el universo de Juan Rulfo.

8.- Ranchero Chido: la apropiación del El rey de José Alfredo Jiménez, hacia el final de la canción, es donde se reafirma el discurso musical del grupo. No niegan sus influencias, solamente las visten con su propio ritmo cuando cantan:

“Si soy ranchero, pero soy ranchero chido”

y dan un poderoso nocaut a la música regional mexicana chafa cuando dicen:

“ya dejé en el rancho a mi familia y a mis amigos
pa’ cantar narcocorridos, eso siempre deja más”.

Si quieres conocer y disfrutar más de este grupo dale clic a los siguientes enlaces. Los Llévame son una banda que merece dar el salto a la liga nacional. Y Calacas un disco que entre más lo escucho, más me gusta.

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