Josué Daniel

En lo que respecta a la Feria Internacional de Querétaro, siempre me he considerado uno de sus más grandes detractores, principalmente por los espectáculos poperos que siempre ofrecen, teniendo entre todo el cartel, de las 2 ó 3 semanas que llega a durar, solo una o dos fechas que hacen que valga la pena ir a recibir la “brisita” (o en el más desafortunado de los casos, todo el vaso) de agüita amarilla que surca los aires durante todo el concierto. Después de un largo lapsus de indecisión, el espíritu de viernes se adueño de mí y me dirigí a las instalaciones del Eco Centro Expositor.

Una distinguida compañía, una plática sin claro sentido pero bastante agradable cerveza y mucha, pero mucha impaciencia se mezclaban para armar el ambiente a lo que se veía, sería una noche digna de recordarse.
De pronto las luces del escenario se encendieron y el bullicio se interrumpió. Los coros de “Oe, oe, oe, oe. Panteón, panteón” no tardaron ni 2 segundos en dejarse escuchar, pero fueron interrumpidos ante un evidente desconcierto, la banda en cuestión no era Panteón Rococó, era nada más y nada menos que Pamalanga, originarios de San Luis Potosí, quienes en una mezcla de ritmos diversos, y a veces hasta contrarios, como el jazz, rock, folk, reggae, folklórica, electrónica y un poco de hip-hop capturaron la atención de los presentes durante la media hora que tuvieron control del escenario. Algunos perdieron la inhibición de inmediato y sacudía el esqueleto siguiendo el ritmo, otros un poco más mesurados movían el pie disimuladamente, pero gran parte del público que esperaba ansioso la presencia del Panteón se mantuvieron respetuosos con el público y la banda, lo cuál sigo aplaudiendo hasta este momento.

Ya entrados en calor, algo envalentonados por las sustancias que ya llevaban en el cuerpo bastante rato reposando, comenzaban a hacer algo de bullicio en lo que el staff preparaba lo necesario para que estallara el ruido. La tradicional carrilla, mentadas de madre a ciertos miembros destacados de la política nacional, evocaciones de algunas porras del equipo de futbol local, y algunos contendores de cerveza (de la fría y de la ya asimilada por el organismo) surcaban el aire teniendo como blanco a la cabeza de cualquiera de los presentes, cuando el tradicional ritmo de Panteón Rococó traído desde nuestra capital estallaba en el ecocentro.

El buen baile y los círculos de paz no cesaron esta noche, pues todos nos unimos para rendir tributo a la ideología de la banda que nos convoco a todos: El celebrar que todos somos exactamente y completamente diferentes, el cierre de un ciclo presidencial que ha manchado de sangre gran parte de nuestra nación y, lo que muchos lamentamos, la perdida de garantías que tanto tiempo y sacrificio han costado a las diversas causas sociales que se han atrevido a alzar la voz.
Haciendo referencia a piezas consagradas de la música popular moderna en una agradable improvisación, como “Amargo Adiós” de Inspector, los primeros versos de “Triste Canción de Amor” de El Tri e inclusive acertando los primeros versos de “Fugaz” porque, en palabras de la banda, “Ésta sí no la traíamos preparada” fue que Panteón Rococó después de un set bastante agradable y variado cerraba el primer día de la Feria Internacional de Querétaro.