Colchón siempre fue una banda querida u odiada en Querétaro, no había más. O te gustaba o evitabas escucharla porque no era lo tuyo; aunque tienen que aceptarlo, algunos seguro terminaron escuchando y cantando “Miel” en una peda. Una banda más respetada y querida en el circuito punk mexicano hace ya varios años, cuando Hummersqueal, Sad Breakfast, Abanico, División Minúscula, Thermo, Gula, Axpi, Big Spin, Elli Noise (los de verdad!), Canseco, Delux y muchísimas bandas más que se escapan de mi mente en este momento, demostraban que era posible subirse a una van y conocer toda la República teniendo buenos, malos, memorables y/o terribles shows.

Fue esa banda que hizo que muchas personas subieran covers de sus canciones a YouTube cuando era una novedad; que dedicaba muchas horas al ensayo para no decepcionar a las 30 ó 300 personas que asistían a un rock; la que hacía que temblaran las casas de Loma Dorada en una tocada casera, la que llenaba el club rotario y también aquella que desapareció en el que parecía su mejor momento o al menos el de más madurez musical después de lanzar un segundo disco (lbtmp) que, de alguna forma, refleja todos los años y experiencias que deja darle la vuelta a México durante por lo menos, 4 años seguidos. 
Pero algo tuvo esa banda de “happy punk” que empezó con Leo, Vidal y Cha tocando covers de Less Than Jake y The Ataris en casa de sus amigos de la prepa, que de alguna forma sigue viva para muchas personas que se identifican con sus canciones o nuevas generaciones que gracias a Internet (y el entusiasmo de muchas personas por mantener la nostalgia viva) conocen canciones de demos como Ardilla, Sonreír, y después dan con el link de descarga de Todo lo que no puedes ver; el primer disco que lanzaron con la extinta Victim Records del DF.

Una banda que siempre entraba en la polémica de ser emo o no lo suficiente punk, algo que ni siquiera le importaba a Poncho, Kao, Vidal y Cha en los últimos años que permanecieron activos. Lo importante era crear música que representara su sentir y después trabajar para hacer llegar ese sonido a más personas; una banda con un espíritu más punk que muchas “del barrio” que tocaban en el Club de Leones, que siempre creyó en el Do It Yourself, a tal grado, que la banda se mantenía por sí misma y en cierta forma, cumplía ese sueño adolescente, donde lo más esperado de cada semana eran las tocadas del fin y la oportunidad de tocar en lugares tan importantes para la escena punk de México, como el Alicia o el Chopo al lado de los mejores amigos.

kaobin rockeando

cha, poncho y al fondo beto

vidalcito

Imagen vía On a Lonely Screen

La pequeña banda queretana que aprovechó un verano de vacaciones en la prepa para organizar un tour y lanzarse a Méxicali, Tijuana, Torreón, Ensenada, Monterrey y más ciudades buscando tocar donde fuera posible para hacerse de un nombre y mantenerse entre la gran escena de punk nacional (¡que sigue y seguirá!). Que aprendió de los errores juveniles y que encontró una manera de seguir tocando en cada ciudad donde hubiera oportunidad, aunque los estudios universitarios cada vez lo volverían más complicado. La que se ganó un lugar en las tocadas al lado de Corcholata, No sé, Lado B, Non Plus Ultra, Chapopote, Render, Druk, Nació Autista, Punzo y muchas más -de las que tampoco me acuerdo ahorita-; que ponía lo suyo en una escena queretana tan variada pero siempre con bandas de calidad en cada uno de los géneros que había.

kaobin

Desgraciadamente, al igual que muchas bandas de hace 10 años o menos, quedó en una especie de baúl de los recuerdos que algunas veces se abre cuando estás bien pedo y recuerdas una tocada con tus amigos, una fiesta memorable que merece ser recordada de vez en cuando porque te agarraste a una vieja y esos weyes estaban poniendo el ruido de fondo. 
Una banda de la que tenemos que escribir este tipo de textos (cursis) para recordar que fueron parte del rock queretano, el mentado “queretarock” pero también para generar un recuerdo en Google y no olvidar que siempre tocaban Quisiera al último para que la banda se prendiera.

Para no olvidar que siempre estuvieron ahí levantando la mano con una propuesta honesta y con la fuerza suficiente para armar el slam sin importar si estaban tocando en un bar, el patio de una casa o el escenario de un pequeño festival en el DF…