Imagina entrar a una relojería. La maquinaria de todos esos relojes en la pared, en el techo, en el mostrador empolvado, los de piso; que miden más que tú estirándote en las puntas de tus pies; pueden escucharse.

Marcan todos, una forma única de medir los segundos,  y sin embargo, siempre dan la misma hora.

Estoy hablando del “Songo raro”, la 4° parada de Buenavista, el lugar. Porque ¿Qué es un disco nuevo, sino también un lugar? Songo además, es un ritmo cubano, pero de eso hablaremos más adelante.

Mantis Atea, un ícono de culto en la escena local Queretana.  No por la larga trayectoria de sus discos de estudio. No por sus influencias en la social media. No por sus complacencias de encajar en una “escena”, de la cual todo el condado pregunta si existe. Es por más.

La trayectoria de sus músicos y la forma tan natural de confiar en la alteridad, palabra tan grande como gastada, en un lugar, insisto, tan pequeño. Mantis Atea, es genuina.

“En Directo” (2014). Era toda la fe de ésta Mantis hasta ahora. “Buenavista” (2020), fue un proceso creativo del 2019 según, apostaría que desde antes:

Desde que Felipe tomó su primera guitarra o compró su primer disco de Jazz, que sabemos fue de Roberto Aymes.

Desde que Kuri comparó las frecuencias del bajo con los demás instrumentos, y lo entendió, y conoció a Felipe, y conocía a Ale y conoció a su hija.

Desde que Isaac ensayaba con sus manos en clases antes de decidir tomar una batería y desvelarse hasta tarde ensayando en el colchón de su cama para no hacer ruido.

Desde que Juan Manual estudiaba sambas, puntos cubanos, songo, microritmia y salsas en las percusiones mientras sus manos se llenaban de callos.

Desde mi imaginario hablo, entonces, de su madurez.

El itinerario dice, que terminada la introducción,  pasemos al disco.

Me atreveré, y en forma de disculpa (porque es pura percepción), a dividir el disco en 3 partes:

Los ritmos cubanos.

Si bien , Felipe me aclaró que “Buenavista” no contiene relación alguna con la Social Club, no puedo apartarme de la idea de sentir a Cuba en la apertura del disco. “Coral” es literal una progresión de acordes que abren y que van cerrando poco a poco y tras una pequeña pausa en esa progresión, la batería, la cabasa y el triangulo llegan, y me remontan a un recuerdo prenatal (yo no nacía aún) de 1986, donde la Afrocuba experimentaba una arriesgada fusión en las Cauzas y Azares de Silvio Rodriguez. Es como un péndulo a la espera de que alguien intervenga y lo detenga porque nunca lo haría solo.

En está división también encasillo “Songo raro” , indudablemente un ejercicio de micróritmia. Una maquinaria perfecta que avanza y su rueda principal es la constante. Una relojería, ya lo dije, y ese misterio que la rodea con una envoltura mística parecida una película de Lynch, pero transparente y que nos deja ver y sentir esa influencia Cubana.

“Tecomán” es una pieza corta, de apenas 1:29, gobernada por los timbales Cuabanos, los cascabeles de semillas le apropian una mexicanidad sabída. El bajo recorre casi una octava completa con un slide y termina en dos mini acordes continuos. La guitarra -si es que existe aquí- disfrazada, intencionalmente en frecuencias bajas para no penetrar el sonido, en la intención de entrelazarse con los acordes del bajo. Las percusiones una vez más, nunca se detienen.

“Ngongo” tal vez pertenezca a las tres categorías expuestas. Tiene ritmos latinos por doquiera, igual los obligados del Math rock, igual las estructuras del post rock. “Ngongo” podría tener dos finales, pero algo pasa en el minuto 3:30, y esa es la razón por la que decidí colocarla aquí, descúbranlo ustedes mismos. El elemento principal podría ser la Maschine, esas frecuencias tan bajas y bien controladas seguro son fruto único de la tecnología, y aunque pinta totalmente orgánico ¿ Qué es la tecnología sino una emulación ? Con temor a equivocarme.

El math rock:

Sólo dos piezas clasificaron aquí por un atributo principal; los obligados. “Zicatatak” compuesta por Kuri y “Quiero ser tu amigo, Jhon Zorn”, contienen un fraseo muy extenso en las figuras. El fraseo en éstas piezas es tocado por el bajo y la guitarra al mismo tiempo, dando ese comportamiento tan progresivo y secuencial del Math rock. Aquí, irónicamente nos dejamos de experimentos, y demostramos quienes somos realmente dentro de nuestras influencias, somos nuestro pequeño pedazo de tierra en este universo sonoro. Las pentas menores armónicas toman el control en un coro arábico. Tan Zorn, tan Kuri. Volver a nuestras raíces de rock progresivo nos recuerda que hemos caminado mucho en el rico desierto de la experimentación armónica.

El post rock:

Hablando de influencias. Todo cambia, pero también hay cosas que se quedan dentro, como el post rock.
“Omnia muntator” (“todo cambia” en latín) es la pieza más sonada hasta ahora del disco. Recurro de nuevo a la analogía de la maquinaria, la base de la batería parece haber sido construida con el comportamiento de maquinas industriales, o en el interior de una maquina de vapor. La Maschine nuevamente nos hace pensar que algo orgánico se mueve en el interior, algo con vida. Los acordes del teclado son como el vapor que alimenta el movimiento. Y bueno, el solo de bajo, invertebrado por el envelope filter, con ese efecto tan Q-wah. Como debajo del agua, tan derretido y fluido, pero firme. Un llamado a la ansiedad que inicia en el minuto 4:20 (curioso) y llega a un arpegio parecido a “Green Dholpin Skit” de los filulas juz (donde quiera que estén) para calmar la ansiedad, vale completamente la pena. Todo cambia, pero no se es nada sin lo otro.

“Cabeza de Fuego” tiene un prisa inquietante. La esencia de Felipe que está en todo el disco, es más notoria en está sección del post rock, la habilidad de Felipe se sostiene por las precisión tonal que tiene para mantenerse en el margen de estos. Dar esos brincos tonales sin que te des cuenta, pero se sientan sutilmente, es como caer en uno mismo y salir de golpe porque te estas cayendo de la cama, así te obliga a regresar. La guitarra en Buenavista te mantiene en gravedad.

“¿Y quién quiere formar un carácter?” Es una referencia a Milhouse y Bart, y también una respuesta al “Estudio interválico para formar el carácter” el cual iba ser el título de está reseña. “Carácter” también es un paseo por algún lugar soleado. Una pieza muy exacta.

“Levi” una apología al western, empleando pentas y escalas mayores, logra ese sentido de amanecer en el desierto. No sólo eso es Levi, los distors, la batería que no es propia de un western crear esa ilusión de que Levi, es algo más.

Por último, “Epilogo”. Una pieza a pura guitarra, entre el Bossa, el Jazz y el Vals, nos despide desde el puerto de Buenavista.

Buenavista, también es la calle donde nació este álbum. Donde 4 músicos aportaron sus diferentes influencias, y la unieron para crear un registro más en la escena Queretana y el mundo. Buenavista es una Ceiba con un cardenal rojo en sus ramas siempre a la misma hora. Buenavista es una relojería, un desierto, una máquina de vapor, un rincón de Cuba, un puerto, un refugio nuevo para los soñadores. Buenavista es muchos lugares, en realidad.