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¿Han hecho papel picado de oruga alguna vez? Doblar una hoja de colores. Realizar distintos cortes aleatorios -o no- con tijeras sobre la hoja doblada. Repetir el proceso sobre varias hojas de distintos colores. Sin desdoblar, unir cada extremo de las hojas. Y al final, extender abriendo los brazos; eso es Crisálida.

Imaginen entonces que cada hoja de color es un instrumento, y cada corte que hacen sobre la hoja es una técnica sobre el instrumento, primero individual y luego en conjunto. Extenderlo pues, es ese sentimiento-de-expansión que provoca Crisálida, el segundo álbum de Slap it.

Una enorme oruga multicolor, porque de la metamorfosis se encargarán ustedes.

EL PROYECTO.

Batería, bajo, guitarra y piano, son los colores primarios de éste álbum. Limitar la analogía a 4 colores es una declaración arriesgada; Slap it es un proyecto muy joven con muchas posibilidades. Fruto tal vez, de la evolución técnica de los instrumentos.

Cada instrumento tiene su propia evolución, las técnicas (separadas un poco de la teoría) amplían las gammas de posibilidades –y de colores-.

La esencia de Slap it es el nivel virtuoso de sus instrumentistas; su técnica. Hasta hoy.

Originarios de Querétaro, actualmente radican en CDMX, muestran esas ganas jóvenes de soltar todo y largarse, por el amor a la música, por la fe en sus manos, por la insaciable necesidad de trasmitir, pero sobre todo por la valentía a lo incierto.

La música es un juego duro y hay que apostarle sin miedo, o se romperán las reglas.

LA TRAYECTORIA.

Slap it es joven, ya lo dije.

Y cuando digo joven me refiero a que aplican con una urgencia enorme todo lo que aprenden. En clase, en la vida, en los video juegos, en su digitación diarias, en sus presentaciones callejeras existe ese sentido de crecimiento personal, luego aplicado a su proyecto profesional.

Y éste también es un gran atributo de Slap it, que se toman las cosas en serio, no se concibieron a sí mismo como un proyecto transitorio, desde los inicios tienen claro a dónde quieren ir, y lo más importante

se toman su trabajo como unos profesionales.     

Hasta que se los prohibieron,  Slap it tocaba en las calles del centro de Querétaro.

Abrir un estuche para recibir propinas es mero simbolismo, lo que realmente los motivaba es esa genuina necesidad de comunicar.

Graban su primer álbum “Algarabía” (Reseña por Rafael Volta) en el 2017 . En el 2018 se presentan junto a Arturo Sandoval (cuba) en el octavo festival de Jazz en Querétaro desde Plaza de Armas, el escenario local con más audiencia.

LOS MÁS NOTORIO DE CRISÁLIDA:

Los primeros segundos de Crisálida son una batalla entre la simetría de la belleza y la tendencia al caos.

Es como sí la guitarra con su compás de 6/4 intentará ridiculizar la simetría del mundo, y llegaran los demás instrumentos en 7/4 a intentar detenerlo irónicamente con la misma idea, convivieran un rato y al final, se hicieran uno.

El álbum por concepto está lleno de tensión que progresivamente se libera.

Es como si cada pieza del álbum contara una historia épica llena de gloría, diálogos entre los instrumentos, finales inesperados y finales felices, productos de una narrativa única en cada pieza. Todos tienen su momento en solitario y todos tienen su momento en conjunto en ésta obra. Algunas piezas parece que tienen más de un final; mueren y vuelven a renacer.

¿Crean tensión las disonancias?

Serendipia tiene algo curioso que desarrollaré al final de la reseña; hablo de la disonancia en un pequeño tramo de la pieza.

Es que Alex se lo jugó toda aquí; mientras todos caminan en línea recta, el bajo decide correr en zigzag, o en círculos, o en espiral, pero sobre todo ¡En sentido contrario!

Seguro reconocerán de qué estoy hablando cuando escuchen la pieza; sólo en esa parte, el bajo está invertido tonalmente con los demás instrumentos. Se contrapone a las escalas. Una simetría inversa. Una segunda batalla de lo que significa la belleza y el caos -ahora en términos tonales- es nuevamente conciliada en los territorios de Crisálida.

Dysania es otro ejemplo, fue mi primera favorita del álbum. Y también cumple está regla, hay puntos críticos (pequeños puntos críticos)  donde el piano y la guitarra crean un caos, una tensión que gradualmente se va alineando en -literal- armonías.

En el minuto 3:00 de Dysania, el piano ejemplifica lo que digo. En el 3:23 lo libera.

Vendetta es mi resumen del álbum:

Mi favorita del álbum es Vendetta, seguro estoy de que es un resumen de Crisálida. El ostinato de tapping en el bajo habla de la técnica. Los obligados aquí son una enorme unión y

¿Qué otra cosa son los obligados sino la unificación de todos los caminos?

Aquí todos corren para todos lados; bajo la misma armonía los instrumentos andan paseando sin cadenas, es la batería quién toma las riendas como un perro ovejero para traerlos de vuelta con los obligados, se van, y vuelven a venir. Después sin que te des cuenta, la calma.

Vendetta nos deja sutilmente caer en una especie de blues para hacernos preguntar dónde estamos y a dónde vamos. Son los obligados nuevamente –y ahora a nosotros- que nos hacen regresar al camino, y así nos abre un sendero al solo de bajo. El primer final de es el interlude de piano clásico > el final alternativo es está resurrección rítmica del bombo y el piano.

Vendetta es sin duda la pieza con más texturas de Crisálida.

Confirma el nivel técnico del que hablo. Una pieza que no se termina de formar, porque se constituye de estas pequeñas micro estructuras que respiran individualmente. Te deja ir, te obliga a regresar. Tienes dos posibles finales.

Un balance emocional y rítmico:

Me encantaría decir a detalle que sin saberlo Groove evoca Run for your cover de Marcus Miller. Que Lluvia inicia con un diálogo, y que podría inventarle otra analogía a sus obligados que crecen como un árbol. Que la guitarra de Oz en Canela domina el mundo, al igual que sus escalas cromáticas en Alebrije. Que Perjuicio no-tiene-madre. Que las estructuras de las piezas cumplen con ese balance emocional y rítmico, pero hay que terminar ésta reseña.

Éste sentimiento-de-expansión que provoca Crisálida:

Crisálida es la demostración más grande de lo que Slap it es capaz de alcanzar hoy, y sobre muchas bandas de la escena. Demuestra su crecimiento como músicos individuales y en conjunto. Ambos criterios son muy importantes para trascender sobre el género en el que se están trazando.

Es decir, apostaría que su creatividad para componer cada pieza del álbum se originó en cada instrumentista; individual para después crear algo en conjunto.

Así trabaja el virtuosismo. Sus posibilidades técnicas, ya lo repetí hasta el cansancio, son muy, muy extensas.

Sin embargo, me encantaría – porque estoy seguro son capaces – verlos arriesgarse más a la innovación. Las disonancias del álbum son un gran riesgo que tomaron en algo tan melódico y puro como Crisálida, una decisión así, demuestra que tienen algo más que decir que acordes regulares, énfasis microtonales o modales.

Me encantaría ver un trabajo conceptual a futuro repleto de éstas rupturas.

Y no hablo de las disonancias en sí, si no de la idea de proponer algo nuevo sin perder su camino.

Tampoco estoy diciendo que Crisálida me quede a deber algo o que no sea original, más bien hay algo escondido en éste álbum que me encantaría ver florecer, porque no hay duda de que Slap it se está trasformando en algo con más colores de los que pidiéramos extender con nuestros brazos, como un papel picado. Slap it está vivo; es una oruga multicolor que muestra toda su gamma y metamorfosea en una crisálida frente a nosotros.

Leonel Mendoza.
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